
El 90% de los viajes se hacen en transporte público; los usuarios tienen un pasaje multifunción, que se utiliza para subte, trenes y ómnibus, y un sistema combinado de cintas mecánicas por las que transitan más de 55.000 personas por día
Hong Kong, una de las megaurbes del capitalismo moderno, tiene 7 millones de habitantes y recibe por año 46,3 millones de turistas. Allí, el 90 por ciento de los viajes diarios dentro de la ciudad se hacen en transporte público. Y hay más: posee el segundo puerto activo del mundo, al que arriban por día 14.000 camiones para movilizar la mercadería de 65.500 contenedores. Pese a estos imponderables del desarrollo económico, es una ciudad modelo en cuanto al control del tránsito.
Las soluciones las encontró especialmente en la década del 90, cuando volcó tecnología al transporte público; creó una tarjeta multifunción para el usuario; invirtió en infraestructura vial; desincentivó el uso del automóvil particular con fuertes impuestos e inventó una red de escaleras mecánicas para sortear los escollos de la geografía. Como la superficie de esta ex colonia británica tiene distintos niveles de altura, se considera la escalera un medio de transporte.
Por ejemplo, The Central Mid Levels Scalators combina 20 escaleras mecánicas con tres cintas transportadoras (una suerte de calle movediza), y vincula Des Voeux Road con niveles intermedios de Hong Kong. Tiene 800 metros de largo y un ascenso de 135 m. Desde 1994 transporta a más de 55.000 personas por día y cruza varias calles angostas de la ciudad. Su recorrido se hace en 20 minutos. Según el libro Guinness , es la escalera cubierta al aire libre más larga del mundo.
En este territorio conformado por más de 200 islas e islotes, la tecnología no se aplica sólo al medio de transporte en sí, sino también al sistema de pago: desde fines de los años 90, utiliza la Octopus Card (Tarjeta Pulpo, llamada así por sus múltiples usos), y un sistema de pago electrónico que sirve para obtener un boleto en trenes, subtes y ómnibus. También se emplea para los parquímetros e incluso en algunos negocios y máquinas expendedoras de bebidas y café.
Si bien en Hong Kong las calles son estrechas, no suele haber embotellamientos significativos para los vehículos, por la buena organización del tránsito, según indicaron los especialistas consultados por LA NACION. En este distrito montañoso y con zonas boscosas circula por día un promedio de 565.071 vehículos particulares (en Buenos Aires, el parque automotor estable es de 1.750.000 unidades aproximadamente).
Las autoridades de Hong Kong tienen como prioridad el desarrollo del transporte público, por lo que sus políticas tienden a desalentar la compra de vehículos particulares. De hecho, adquirir un auto allí puede resultar sencillo, pero el costo de mantenimiento implica una fuerte erogación para un salario medio, ya que se requieren 1400 dólares por año para realizarle una inspección.
También el gobierno otorga un volumen limitado de números de patentes por año y se cobra un impuesto a los combustibles. ¿Es fácil estacionar en la zona céntrica? No, pues no hay espacios disponibles. Además, hay un fuerte control policial en las áreas restringidas. Sólo en las estaciones de trenes y de subte hay grandes playas para dejar los vehículos; esto sirve al conductor para hacer una escala y tomar el transporte público hasta llegar a los sitios más poblados.
Muy fácil
Hong Kong tuvo buenos réditos cuando potenció el desarrollo del transporte público. De hecho, movilizarse en ómnibus y subtes es muy fácil y cómodo. Trenes, subtes y colectivos están equipados con la última tecnología y representan uno de los mejores sistemas de transporte público del mundo.
Los ómnibus trasladan a 3.961.000 pasajeros por día. La mayoría son de doble piso y tienen aire acondicionado, y el sistema del subte y el tren son considerados la columna vertebral de la movilidad urbana.
Algunas demoras suelen ocasionarse en los accesos a los túneles y en los peajes, pero, en ambos casos, hay carriles exclusivos para ómnibus y taxis. Estos transportan a un millón de pasajeros por día y, según dicen los usuarios, es el medio más rápido, pero también el más caro.
En Hong Kong, por más vacíos que estén los carriles exclusivos, nadie osa ocuparlos de manera indebida, dijo a LA NACION Luis Bertolini, director de la oficina Internacional de Hong Kong en la Argentina.
Al respeto por las normas, Hong Kong suma una imponente infraestructura: la ciudad tiene 2009 kilómetros de rutas y 1193 kilómetros de estructuras complementarias, con tres túneles submarinos, otros nueve túneles que atraviesan las montañas y tres puentes colgantes.
Testimonio: puntualidad y paciencia en el bus de Mr. Ling
Mr. Ling es un chofer de ómnibus urbano que diariamente transita por el centro de Hong Kong. El hombre cuenta que en los últimos 20 años el boom automotor cambió la movilidad y la urbanización de la ciudad. Desde 1988, con la expansión económica, ha venido aumentando el poder adquisitivo de muchos ciudadanos y Hong Kong se fue poblando de vehículos. Entonces, fue necesario construir cinco autopistas para mantener el tránsito más ordenado, cuenta.
Este chofer, que se aferra al volante y sólo habla cuando el vehículo está detenido y sin pasajeros a bordo, sostiene que en las horas pico no es sencillo transitar por la ciudad. Se tarda, como en todos lados, en llegar de una punta a la otra, pero ya estoy acostumbrado y no me afecta en mi vida personal. A los pasajeros les pasa lo mismo: no hay quejas, dice Ling, que toma con paciencia alguna posible demora en el tránsito. Y aclara: "Los trenes y buses son muy puntuales en cuanto a la frecuencia".
Mr. Ling cuenta que el gobierno tomó una medida que facilitó mucho el acceso de los ómnibus al centro de la ciudad: se restringió el ingreso de vehículos particulares a ciertas áreas más transitadas en horarios pico y se crearon carriles exclusivos.
"Usualmente, de 10 a 14, en numerosas zonas del centro sólo pueden circular los buses, y eso agiliza mucho el tránsito para nosotros. A los pasajeros les conviene más usar el transporte público que su automóvil particular", dice el chofer.
Philip Wong, de 22 años, es un pasajero del ómnibus que conduce Mr. Ling. Dice que su medio de transporte preferido es el subterráneo. "El bus no es la forma más rápida de viajar, pero es la más útil cuando el subterráneo no llega a determinados destinos. El 80% de los colectivos son de dos pisos. Igualmente, en las horas pico se llenan", relata, y agrega: "Se viaja rápido y cómodo, porque los vagones tienen aire acondicionado. Además, para recorrer unos 20 kilómetros, se tarda 45 minutos, mientras que en colectivo se puede demorar 80 minutos en hacer casi 30 kilómetros".
Según Wong, el taxi es la mejor opción si se quiere viajar rápido hasta el centro. "Se tarda 40 minutos [menos que con el subterráneo] desde una zona residencial, pero es un servicio muy caro".
Fuente: Diario La Nación del 28 de octubre de 2008